viernes, 3 de abril de 2009

Sinfonía de Recuerdo


Adagio: (para leer en el cementerio de los Hermanos)
Aquí, junto a las peñas de Toloño,
feraz se expande la anchurosa tierra
y la Rioja, que trepa hasta la sierra
dora sus vides del estío a Otoño.
Después de tantos años en la brecha
el alma se escapó como un suspiro
volando libre al celestial retiro
dejando recogida la cosecha.
El mosto fermentó librando el vino.
Pasamos la niñez , la juventud
años duros, también años hermosos.
Vosotros nos marcasteis el camino
y ahora descansáis en la quietud
aquí bajo los árboles umbrosos

Adagio maestoso: (para leer en el Memento de la Misa)
Aquí Señor ante tu altar estamos,
juntando en el recuerdo a los que fueron
los amigos de antaño y que estuvieron
con nosotros en aulas, que dejamos
hace tiempo. Los años han pasado
desde entonces. Muchos ya se han ido
sobre su nombre se cebó el olvido,
pero quedó su huella a nuestro lado.

No los voy a nombrar, están presentes
en el mismo recuerdo y la oración
los sentimos muy cerca no se han ido.
A vosotros amigos, que en las frentes
lleváis ya la señal del Elegido
os siente en el silencio el corazón.

Andante: (para insertar en la orla del Recuerdo) Con estrambote de 2 versos)
En esta orla, que tienes ya contigo,
he juntado el recuerdo y la esperanza,
fragmentos de ilusión y de añoranza
del sabio profesor, del buen amigo.
Ha sido un esfuerzo sobrehumano
rimar el verso, juntar estas ideas,
hacer este soneto para que veas
algo de ti y de aquel tiempo lejano.
Ya no quedan las aulas del pasado
ni el hermoso recreo, en que jugábamos,
la torre gris, el reloj que marcaba
nuestras horas. La plaza se ha tragado
los amores también en que soñábamos
el futuro que avanza y que se acaba
con sonrisas de nietos y esperanzas
de otras nuevas vidas que comienzan.


Allegretto, casi allegro
(Soneto Alejandrino para leer en el brindis)
Levantemos la copa por la vieja amistad
este vino que duerme en los odres añejos
y que vierte en el vaso los dorados reflejos
de las vides que crecen en humilde heredad.
Es el vino que trae el color del otoño
el aroma del roble y la alegría del sol
y que imprime en el rostro su dorado arrebol,
mientras deja en la tierra su reseco retoño,
dormitando en silencio bajo el sol invernal.
Es el vino que anuncia el calor del verano
el color de las uvas en el campo otoñal.
Yo levanto la copa bien alzada en la mano,
recordando los años, la primera niñez
y arrojando este vaso sin brindar otra vez.

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